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-Por Marina Posse- Paloma posa para las fotos y muestra tan sólo un poco de sus exquisitos movimientos. Sus manos se mueven ligeras y dulces, y su rostro transmite puros sentimientos. Acostumbrada a la prensa, se desenvuelve con tanta naturalidad que es fácil seguirla. Suave, cordial, armónica y segura de sí misma, así es Paloma: en la vida y en el escenario es un placer admirarla.

A punto de cumplir 20 años en el American Ballet Theatre (ABT) de Nueva York, esta prestigiosa bailarina argentina vuelve al país para presentarse con “El Corsario”, el 29 y 31 de octubre, en el que fuera su primer amor: el Teatro Colón.
- ¿Que significa para vos volver a bailar en el Teatro Colón, que fue un poco tu primera escuela en la danza? - Cada vez que bailo acá es un placer enorme, tengo los mejores recuerdos. Disfruté muchísimo mis años allí y siempre mantengo una relación con toda la compañía, con la gente del teatro. Me siento muy cómoda y me encanta.
- Allí están prácticamente tus inicios. Imagino lo que debe movilizarte en lo personal… - Sí, muchísimo, siempre es un placer volver. Mi primera maestra fue Olga Ferri, y paralelamente bailaba en el teatro, justo antes de ingresar al ABT, que fue el paso más importante de toda mi carrera.
Paloma quedó en la historia del ABT cuando, a los 19 años, se convirtió en la bailarina más joven en obtener la máxima jerarquía de Principal. En la compañía había ingresado a los 15, cuando era tan sólo una niña que no dudó en armar las valijas e instalarse definitivamente en Nueva York. “Al principio me fui a vivir con un matrimonio amigo de mis padres, que estaba allá y que hoy es todavía como una segunda familia para mí. Fue difícil porque no hablaba inglés y porque New York era, en esa época (´90), completamente distinto lo que es hoy, mucho más inseguro”, recuerda.
- ¿Cuáles son las cosas de la Argentina que más añoras desde lo lejos? - La familia y los amigos. Me encanta New York, es una ciudad maravillosa que me ha dado todo. Estoy muy feliz allí, pero vengo muy seguido a visitar a los míos y porque me encanta Buenos Aires. Argentina es mi país, es mi casa. Estoy agradecida porque me ha dado mi formación y por eso trato siempre de hablar bien, con orgullo, de mostrar nuestra mejor cara, de relucir lo positivo que tenemos. Esta vez vine porque son mis vacaciones en la compañía y me puedo quedar un poco más.
Pero claro que Paloma no descansa, ni siquiera en vacaciones. Su venida al país tiene también el objetivo de ensayar para las funciones del Colón. “Si bien me podría haber quedado en New York disfrutando del verano, preferí estar acá y aprovechar mis días con mi Couch, ver el teatro y practicar con los tiempos de la música. Como para ir ahorrando tiempo y no estar con el ensayo ya muy sobre la fecha”, cuenta. Cuando Paloma regrese a Buenos Aires, los ensayos serán ya pre general y general, con toda la compañía. Y como para que no queden dudas de su perfeccionismo agudo, agrega: “Yo necesitaba venir también ahora, aunque con mi partenaire (Marcelo Gomes) ya hemos bailado muchísimas veces en el ABT esta versión de El Corsario”.
- ¿Qué es lo primero que viene a tu corazón y a tu mente cuando miras para atrás y ves tantos años de trayectoria? ¿Qué te hace sentir todo lo logrado? - Que mi carrera es lo que es hoy por muchas cosas: cada día, cada maestro, cada escenario, cada Couch, cada teatro. Por supuesto que el momento clave fue cuando empecé, por lo que mi maestra Olga Ferri y el Teatro Colón tienen mi corazón, ya que me han dado toda la base para bailar. El haber entrado a los 15 años al ABT es una de las experiencias más increíbles de mi vida, una de las más fuertes.
- ¿Qué condiciones se dieron en vos para que hoy llegaras a ser la bailarina que sos? Muchas. Por eso, cuando me preguntan, es muy difícil decir qué se necesita; el talento sólo no es suficiente. Yo soy una agradecida de mis maestros y de la familia que tengo, sin ellos no hubiese sido absolutamente nadie. Hay mucha gente a la que tengo que agradecer y que hizo posible que yo llegara a ser lo que soy. Un poco tiene que ver con eso, con la suerte de que se den un montón de factores. Hay que tener talento, pero también hay que tener garra, ganas, fortaleza, y hay que saber resistir la presión. Hay gente que se mata trabajando pero no nació con talento, y por mas que trate y trate, no va a llegar. Y también hay personas que lo tienen todo, pero les falta ese ‘algo’ especial, ese ángel que se necesita para subirse a un escenario y bailar.
- Por algo hay una sola Paloma Herrera…Después de tantos años de clases, ensayos y funciones, ¿hay algo que te quede por aprender? Hay algo que siempre me generó curiosidad: he visto bailarines que llegaban a un punto de su carrera y parecía que estaban ‘de vuelta’, quejosos de bailar otra vez el mismo ballet, de lo repetitivo. Jamás me pasó algo así, siempre que me subo al escenario es como la primera vez. Me encanta tomar clases y ensayar, todo ese trabajo previo a una función, saber que siempre puedo dar más, que no hay límites. Entrar tan joven a la compañía me ha dado la posibilidad de estar en el escenario tantas veces, que me siento cómoda allí, libre, tranquila, disfrutando de la función, segura de que puedo dar lo mejor, sin presiones, sin estar preocupada por el paso, por la coreografía. Una puede estar durante años agarrada de la barra, pero no hay nada como estar sobre el escenario. Entrar en la compañía fue la mejor decisión de mi vida, ser primera bailarina desde los 19 años me permitió tener una carrera larga y profundizar todos los roles, bailarlos muchas veces. Siempre es único.
- Entre tanto trabajo, ¿cómo llevas adelante tu relación de pareja? - Hace cinco años que estamos juntos. Él es de acá, así que viajamos mucho para vernos. Al principio costó bastante, pero ya nos acomodamos. En temporadas o en mis giras me es imposible viajar, pero en épocas de ensayos, puedo salir de un ensayo a la noche, venir el fin de semana y estar de vuelta en New York el lunes, lista para el trabajo, ¡todo fríamente calculado!
- ¿A qué bailarines admiras? - Alessandra Ferri siempre me gustó, al igual que Sylvie Guillem. De chica, las miraba en videos, desde casa. Y cuando entre al ABT tuve la oportunidad de conocer a Alessandra y compartir camarín con ella cuando fui primera bailarina, ¡muy loco! Alguien que me marcó mucho fue Mijaíl Barishnikov, que fue bailarín del ABT durante mucho tiempo, aunque cuando yo llegué ya no estaba. Fue un poco por eso también que el ABT era como mi sueño, porque allí estaban quienes más yo admiraba.
- ¿Cómo te ves de acá a 10 años? - Ni idea, soy de vivir el día a día, no hago planes. El ballet tiene que ser juventud, placer, tiene que ser mágico. No puede ser problema, o que te duela todo, o sentirte sin ganas de bailar. Hay bailarines que han extendido su carrera demasiado, y yo jamás voy a hacer eso. Para mí eso es lo principal, bailaré hasta que deje de disfrutarlo. Hay mucha gente que sigue la carrera de danza por el glamour que la rodea, por las flores, el tutú, las galas, los eventos. A mí no me interesa nada de eso, a mí me gusta el trabajo, amo lo que hago. Todo lo demás vino extra y también lo disfruto, pero no es el porqué de mi carrera.
- Si alguien que no te conoce preguntara quién es Paloma Herrera, ¿qué le dirías? - ¡Ay! ¡No tengo la menor idea! ¡Tal vez eso tendría que responderlo alguien más! Yo diría que soy alguien que tiene la suerte de hacer lo que ama y que por eso soy súper agradecida. Soy conciente de que es una carrera muy difícil y de que he luchado para dar lo mejor, pero nunca a los codazos, nunca para llegar alto porque sí. Lo hice porque me gustaba bailar, no por tener como objetivo llegar a algún lugar. Mi carrera siempre fue muy limpia, y se dio porque seguí mi corazón y perseguí lo que quise, y no por otra cosa. Eso está bueno.

Elegante y refinada, Paloma hace que todo a su alrededor brille y que los ojos recaigan inevitablemente sobre ella. El oído se presta atento a sus palabras, como quien sabe reconocer a una estrella a quien el éxito y la fama no la han mareado, y que conserva en su espíritu el mismo amor por la danza y la misma pasión de sus inicios, cuando en ella apenas asomaba la talentosa bailarina que es hoy.
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