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-Por Marina Posse-
Este artista de raíces chaqueñas impregna en sus obras parte de su espíritu. De corazón solidario, trabaja en y desde el arte, promoviendo la ayuda al prójimo en cada uno de sus actos.

Una vez más, Milo Lockett abre el juego. La invitación es a adentrarnos en su nueva muestra y en su obra, que trasciende el arte para llevar la solidaridad a diversos ámbitos. Desde 100 Milagros para Milo, la propuesta se presenta al público con la intención de captar nuevos y jóvenes coleccionistas que, sin duda, se verán atrapados por la inquietud de la obra. El colorido invade, y la dinámica de las pequeñas piezas que se exhiben transmite mucho de lo propio del artista. Cada uno de los cuadros tiene historias, personajes, anécdotas y momentos de la vida de Milo: son 100 personajes o 100 “milagros”, tal como él los denominó.
- ¿Qué vamos a poder apreciar en esta muestra? - Son piezas de pequeño formato (30x30cm), una propuesta joven. Siempre busco tener en el año una o dos exposiciones donde pueda darle a todos la posibilidad de acceder a la obra. Es una edición limitada que hice pura y exclusivamente para esta ocasión. Tienen mucho color, son cuadritos muy divertidos, no hay que enmarcarlos sino que están listos para colgar, y tienen un precio accesible.
- Tenés todo un estilo, ¿en qué te inspiras cuando pintas y con qué materiales te gusta trabajar? - Me gusta trabajar mucho sobre madera, uso pintura sintética. No creo en la inspiración, creo más en la idea de trabajar y en que a medida que uno va trabajando van apareciendo las cosas. Busco todo el tiempo poder generar propuestas distintas, y me dejo llevar para armar una estética personal.
- ¿Cómo llega alguien dedicado a la industria textil a convertirse en un artista exitoso? - Todo empezó con la crisis de 2001 en la Argentina. El país se fundió y yo, como mucha gente, también. No tenía tantas alternativas, pero una de ellas era ponerme a pintar, y así lo hice. Nunca me imaginé que podía terminar haciendo del arte una carrera y que podría vivir de esto. En eso soy muy agradecido y siempre intento no ser pretencioso con la obra sino que trato de dejar que fluya.
- ¿Cómo se puede ayudar desde el arte? - Participando es un buen comienzo. En mi caso, en mi último proyecto estoy encarando la construcción de la Casa Garrahan en Chaco, con mucho esfuerzo. Empecé poniendo dinero mío y ahora sumé a mucha gente que participa. Cuando uno tiene la posibilidad, tiene que ayudar. Esta es una sociedad que me dio mucho, por lo que trato de devolver, desde mi lugar como artista y desde lo que yo hago y puedo, algo de todo lo recibido. Para dar vida a este proyecto, Milo trabaja desde la fundación Ciudad Limpia junto con un equipo a cargo del doctor Fernando Matera -presidente de la Fundación Garrahan-, quien viaja constantemente a Chaco para monitorear la obra. Generoso y con un compromiso social indiscutido, el artista aporta su granito de arena en la recomposición de la Argentina más necesitada. Una vez finalizada, la nueva Casa Garrahan podrá recibir a chicos del interior de esa provincia, de Formosa, de Misiones o Corrientes. La primera etapa de construcción ya ha concluido, y según él mismo afirma, “en un par de años terminaremos la obra”.

Sus acciones solidarias se han extendido también en campañas que llevaron el arte a escuelas del interior, brindándole a los chicos una posibilidad de expresión hasta entonces lejana y ayudándolos a explorar y valorar sus potenciales. De la misma forma, acercó el arte a comunidades aborígenes del país, que asegura le han enseñado a él mucho más de lo que él pudo enseñar.
- Siempre trabajas mucho con los chicos, ¿por qué? - Me parece el público más interesante, los chicos son buenos y crueles a la vez, dicen la verdad y son honestos a la hora de dibujar y pintar. Tienen lenguaje, ganas, son divertidos y tienen mucha energía. Trabajar con chicos es muy interesante porque uno aprende más de lo que enseña. Y lo que me une a ellos es que yo tampoco quiero perder el niño que llevo dentro, me siento un hombre adulto pero siempre conservo la parte de mi niñez
- ¿Cómo te movilizó en lo personal trabajar con comunidades aborígenes? - Fue un aprendizaje. Los pueblos originarios son muy sufridos, les debemos mucho. Hemos ocupado sus tierras, su lugar, los hemos marginado y maltratado, y me parece que es hora de replantearnos qué lugar le vamos a dar en nuestra sociedad porque, como dice la palabra, ellos están desde el origen.
- ¿Qué le falta a la Argentina en materia de solidaridad? -Dejar de ser un país corrupto, la corrupción es el gran mal de los argentinos. Yo creo que corrigiendo esa palabra va a haber muchas palabras que se van a transformar, así como cosas que se pueden modificar en el estilo de vida y en nuestro tipo de cultura.
- ¿Cuál es tu objetivo como artista? - Me gustaría seguir trabajando en lo social, me gusta hacer lo que hago, creo que siempre y cuando uno lo haga con ganas y piense en construir felicidad, las cosas tienen que ser buenas. La felicidad, como el amor, se construyen todos los días: son como la plastilina, hay que darles forma.
- Tenés una hija de 13 años, ¿te gustaría que siga tus pasos? - Me gustaría que sea feliz, es lo que le digo todos los días.
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